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17 de Noviembre - Gratitud restaurada


Salmo 137:4–6

¿Cómo cantaremos cántico de Jehová en tierra de extraños? Si me olvidare de ti, oh Jerusalén, pierda mi diestra su destreza. Mi lengua se pegue a mi paladar, si de ti no me acordare; si no enalteciere a Jerusalén como preferente asunto de mi alegría.
  
     Este es el lamento del pueblo de Dios, de los cautivos y exiliados en una tierra extranjera. No tienen cántico, han colgado sus harpas en los sauces y están recordando la dicha y la belleza de la ciudad y de la tierra que ahora les es negada.

     Como ve, en ocasiones Dios tiene que privarnos de nuestras bendiciones antes de que podamos apreciarlas verdaderamente. Creo que después de la cautividad en Babilonia los judíos que regresaron lo hicieron con una mayor devoción y compromiso con Sión, como nunca antes habían tenido. Creo que lo mismo es cierto respecto al regreso del pueblo judío a su tierra en esta época. Cuando están plenamente restaurados ellos apreciarán más que nunca todo lo que perdieron por su desobediencia y su rebelión en los largos años de exilio. Y debemos recordar que a veces Dios tiene que tratar con nosotros.

     Si hoy se siente como un cautivo, un desconocido que anhela las bendiciones que ha perdido por la desobediencia y la obstinación, Dios ha permitido que esto pase a fin de que al devolverle esas bendiciones, usted las aprecie como nunca antes. Dios sabe cuándo ha aprendido su lección y cuándo ha aprendido verdaderamente a apreciar lo que Él ha hecho por usted. Entonces estará listo para restaurarlo.